lunes, 22 de octubre de 2012

LOS OVIMBUNDU

Antes del siglo XVI,el río Lui, afluente del alto Kwango, conoció un desarrollo considerable de jefaturas de cuyos modos de vida conocemos muy poco, aunque es probable que alguno de los catorce Estados ovimbundu debió de comenzar a organizarse por estas épocas. Lo que es cierto, es que a principios de este siglo, al sur de Kibolo, surgió Kulumbe, uno de los primeros Estados ovimbundu que se organizó a partir del kilombo o asociación de inicación militar; esta fundación coincide más o menos con la aparición de las primeras construcciones funerarias en piedra, elemento constructivo habitual de los ovimbundu que les diferencia de la mayoría de los pueblos africanos. Las tradiciones de los Humbu, uno de los grupos de los que se compone este pueblo, indican que su lugar de origen es Feti, localizada en el borde meridional de la meseta angoleña donde vive el grueso de los Ovimbundu que, en la actualidad, cuenta con cerca del millón y medio de personas.
















Ahora bien, se conoce con exactitud que los Yaga, pueblo que invadió y arruinó el floreciente reino del Congo, recorrían asiduamente toda la meseta angoleña y es muy probable que ellos se impusieran a estas poblaciones, les dieran una estructura política más sólida y aparecieran desde entonces como Estados más fuertes y mejor organizados. En 1641, se menciona por primera vez la existencia de uno de ellos, Kakonda, y ningún otro más, lo que hace pensar que los demás estaban aún en proceso de formación o no tenían suficiente entidad como para tener un sitio en los relatos. Al final del siglo XVIII, ya tenemos mencionados la totalidad de los catorce Estados, siendo los más importantes, además del citado Kakonda, Bailundo, Bihé, Ndulu, Wambu, Ciyaka y Ngalangi.
La aldea constituía el núcleo político elemental, aunque solían tener un número elevado de habitantes porque podían albergar varios linajes; las aldeas se reunían en distritos y el conjunto de éstos formaba el Estado o Reino. A la cabeza de estas circunscripcíones había una autoridad determinada; en las aldeas mandaba el jefe del clan más antiguo, que era quien la había fundado, y su mandato era hereditario, siguiendo la línea paterna; estaba ayudado en las tareas administrativas por los jefes de los otros clanes. Los distritos tenían al frente una autoridad variada; algunos eran dirigidos por miembros de una familia real que se sucedían por vía de herencia; otros tenían ya una dinastía propia, que nada tenía que ver con la central, que solía proceder de la que originariamente había ya en ese lugar. Hay que hacer mención de que algunos distritos eran completamente jefaturas tributarias y éstas estaban regidas por sus autoridades tradicionales. El papel de todos estos jefes que regían los distritos era recoger el tributo y encaminarlo a la corte central.


El gobierno central constaba del rey, la reina y un cierto número de grandes dignatarios con títulos, que formaban consejos para afrontar tareas administrativas y judiciales. Su poder político era grande, pues eran ellos los encargados de elegir el sucesor al trono entre los descendientes del rey por vía paterna, y los que destituían a los gobernadores de los distritos. Entre estos dignatarios los había con funciones rituales, como los guardianes de las tumbas reales, que, a su vez, mantenían y preservaban las tradiciones para que no se menoscabara su sentido ni se perdieran las genalogías. La tradición también imponía al propio rey ciertos deberes rituales ya que él, como descendiente directo de los antepasados, era el responsable de mantener la fertilidad en todo el país como algo que pertenecía exclusivamente a aquéllos.
La caza fue siempre una ocupación muy apreciada y practicada,pero nunca fue una fuente exclusiva de alimentación, sino que se mantuvo como un valor recibido de los antepasados; para ellos sí que fue un recurso alimenticio de primer orden junto a la recolección. Más tarde, fueron agricultores y ganaderos, y, a partir del siglo XVII, por influencia de los Yaga, se convirtieron en los intermediarios esclavistas entre los europeos, instalados en las costas atlánticas, y las tribus del interior, adonde llegaban con sus fusiles, esclavizándolos por la fuerza. Entre 1774 y 1776, los portugueses entraron en guerra contra algunos Estados ovimbundu y, después de negociaciones y promesas, se transformaron en sus aliados. Los portugueses fomentaron a toda costa esta alianza con ellos, porque poseían una importante reserva de esclavos, de marfil y de cera y, además, estaban cerca de los enclaves costeros.
Entre 1902 y 1907, éstos protagonizaron una gran sublevación contra el trabajo forzado impuesto por los portugueses; a ella siguió una represión sangrienta, que duró hasta 1910, durante la cual muchos miembros de este grupo perdieron la vida y otros se vieron obligados a buscar seguridad en el exilio.
El arte tradicional se parece mucho al de los Tchokwe, bajo cuya influencia cultural y, en ocasiones política, estuvieron sometidos; pero las manifestaciones ovimbundu se muestran aún más refinadas y sus representaciones son mayoritariamente femeninas.

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