jueves, 18 de octubre de 2012

LAS RUINAS DEL GRAN ZIMBABUE

El conjunto de restos que forman este complejo se extiende por una superficie cercana a las ochenta hectáreas; está situado en la provincia de Masvingo, a unos veinte kilómetros al sureste de la ciudad del mismo nombre. De la existencia de un reino en dicho lugar nos habla el sirio Al Masudi en su obra Praderas de oro y minas de piedras preciosas, escrita en el siglo X. En ella hay algunos capítulos dedicados a África oriental, donde dice cómo en el interior de Sofala había un reino de negros, llamado Uaklimi, que eran grandes productores de oro y daban un culto a sus mayores. Afirma que adoraban a varios dioses, que se encarnaban en plantas y animales, pero por encima de ellos había un ser superior, que era el que había creado todo; el rey estaba considerado como la representación viva de este Dios y el guardián de su culto, de modo que no dudaba en matar a todos aquellos que se apartaran de las costumbres y tradiciones seculares.


Este pueblo al que se refiere Al Masudi no ha podido ser identificado, pero se trataba sin duda de grupos de lengua bantú. El período de su ocupación y reinado pudo abarcar desde los siglos IV al XII. A partir de este último siglo comienza a imponerse en aquellas tierras el pueblo Shona, que sometió al resto de los grupos pre-Shona establecidos desde el desierto de Kalahari hasta Sofala; su rey había tomado el nombre de Mutapa y su título era el de mwene; los portugueses, al unir título y nombre del rey, transformaron el reino en Monomotapa. Su hijo Matope amplió las fronteras con nuevas conquistas y puso las verdaderas bases administrativas y políticas del reino. Este soberano murió en 1480, y sus sucesores fueron incapaces de mantener la cohesión del imperio y su hegemonía.
esta circunstancia fue aprovechada por una dinastía del sur, los Rozwi, para separarse de Monomotapa y dar a su rey el título de mambo. En 1506, un tal Changa, antiguo jefe de los pastores reales y gobernador de una de las provincias del sur, logró derribar a los Rozwi y consolidar un estado que se impuso a Monomotapa; a este Changa los árabes le llamaban amir y, combinando ambos nombres, se designó su reino y su monarquía como Changamire. Durante el siglo XVII, la dinastía Rozwi recuperó el poder y el título real o mambo; atacó a Monomotapa y redujo el reino a una simple jefatura controlada por los portugueses. En 1834, los Nguni-Jere de Zwangendaba cruzaron el Limpopo y llegaron hasta el reino Rozwi de Zimbabue y del antiguo Monomotapa, y los arrasó completamente. Las tradiciones Shona cuentan que los invasores dieron un cruel suplicio al último mombo, desollándole todo su cuerpo.
Las construcciones que dejaron, utilizando el granito local con el que tallaron piedras en forma de ladrillo hábilmente trabajadas, son una de las edificaciones arquitectónicas más sugerentes de África. Podemos distinguir tres demarcaciones bien definidas. El Gran Recinto es la parte más característica y conocida, y está ubicado en la parte llana; también se le denomina el "edificio elíptico" por su forma, y mide ciento siete metros de largo por sesenta y seis de ancho; está rodeado por un muro de piedra de sillería que tiene una altura media de siete metros y medio y un grosor en la base que alcanza los cinco metros. Otros muros interiores, en diverso estado de ruina, delimitaban habitáculos especiales cuyo destino nos es aún desconocido. Hay también dos torres elípticas de diverso tamaño; la mayor parece que fue un templo, donde se hacían rituales para obtener la lluvia y fomentar la fertilidad de los campos, de los animales y de los seres humanos. Como único objeto decorativo se encuentra, en lo alto de una parte de la muralla, un friso de cincuenta y dos metros de longitud compuesto por doble fila de sillares formando una decoración en cabríos.


En la cumbre de una colina cercana hay una fortaleza defensiva, o Acrópolis, construida sobre unas piedras graníticas cuya dsiposición se aprovechó para diseñar con el tiempo diversas dependencias unidas por pasillos. Dos fueron las edificaciones principales que se construyeron en esta zona. Al parecer, una de ellas, situada en la parte occidental, sirvió como residencia de los reyes, y la otra, en la parte oriental, debió ser una especie de templo donde se desarrollaban funciones religiosas y votivas. Es en este lugar donde se encontraron aves de esteatita sostenidas por postes de madera; son las manifestaciones escultóricas más sobresalientes y posiblemente representen al águila marina, o hungwe, que aparece frecuentemente en las leyendas y fábulas africanas.
La tercera parte de este complejo es el conocido Valle de las Ruinas, donde están las construcciones más antiguas; se puede observar un conjunto de antiguos asentamientos humanos, con alternancia de la piedra y del barro como elementos constructivos, que ponen de manifiesto una gran actividad agropecuaria y minera. Todo el complejo arquitectónico empezó a construirse en el siglo XI, pero en los siguientes siglos se fueron ahciendo retoques y añadiduras que se prolongaron hasta la mitad del XVIII; la intensidad constructiva tuvo su máximo apogeo en el siglo XIV, cuando la población parece que alcanzó los 10.000 habitantes.
Las tradiciones shona hablan de la existencia y desarrollo del imperio de Zimbabue, pero no de estas construcciones; las excavaciones y estudios realizados ponen de manifiesto que, en la formación del imperio y en sus manifestaciones artísticas, han intervenido varias corrientes culturales; pero sin duda ninguna, se trataba de gente agrícola y ganadera que complementaba estas actividades con la búsqueda ocasional de metales preciosos. Vivían en cabañas de planta circular y techo cónico, pero su experiencia en el manejo de la piedra les llevó a construir muchas veces sus muros con este material. También sus esculturas más sobresalientes están confeccionadas con basaltos duros, que pulían de una manera extraordinaria, haciendo figuras llenas de espontaneidad yd e perfección artística, como esas aves de esteatita ya mencionadas. Fabricaban también una cerámica peculiar decorada en sue xterior con complicados diseños geométricos.

miércoles, 17 de octubre de 2012

LOS IBO

Con más de dieciocho millones de miembros, son el tercer grupo étnico de Nigeria. Viven en las regiones nororientales del delta del Níger, aunque se encuentran grupos muy representativos en otras partes del país. Sin embargo, su asentamiento primitivo estuvo en las proximidades de Owerri-Umuahia, desde donde emigraron a us ubicación actual en los siglos XI-XII.
La densa población ibo tenía como unidad política fundamental la aldea, a la que seguían en importancia el mercado y el santuario; los jefes de familia formaban el Consejo que gobernaba la aldea. A veces varias aldeas se unían bajo la autoridad del jefe de un linaje, que recibía el nombre de okpara. Estos agrupamientos nacieron posiblemente como medida defensiva común. En este nuevo tipo de hábitat, las exigencias de la vecindad no eran las mismas que las del parentesco y, para primar la seguridad comunitaria, se confirieron funciones específicas a ciertos linajes que proporcionaron el jefe político, el jefe militar y el jefe religioso; de esta forma, las comunidades se reorganizaron según un sistema de títulos. A medida que se fue perfeccionando la comunidad, tuvieron necesidad de colaboradores que se convirtieron en una clase administrativa. Esto dio origen al nacimiento de pequeños reinos que, como los Aboth, Onitsha y Oguth, nombraron obi a sus reyes y les atribuyeron funciones semejantes a las del oba de Benín.



 












Una característica peculiar de este pueblo es la tradicional organización de sus grandes mercados colectivos. Si bien la actividad fundamental de los Ibos fue la agrícola, cultivando el ñame, la mandioca, el acite de palma y otros productos tropicales, su espíritu emprendedor los llevó a practicar un comercio fluido de largo alcance: a sus vecinos del sur les proporcionaban artículos alimentarios a cambio de pescado y de sal y ahcia el norte enviaban kola y marfil para obtener objetos de tela, metal y cristal. Cuando el tráfico negrero se instaló en las costas del delta, este pueblo fue uno de los más castigados, de modo que, a finales del XVIII, cuando la trata se hallaba en plena expansión, los cuatro quintos de los esclavos salidos de lo que hoy es el territorio nigeriano eran ibo.
Hay teinta y dos subgrupos diferentes que hablan la misma lengua perteneciente a una subfamilia Kwa. Todos son exógamos y los hijos pertenecen a los padres si éstos pagaron la dote matrimonial; de lo contrario, son de la madre. La sociedad se articula en clases de edad en cada aldea, que favorecen y sustentan la aparición de agrupaciones socio-culturales secretas que limitan en cierta medida el poder de la autoridad. Las tres más importantes son Ahozo, Ekpa y Mmwo, cuyos miembros cumplen la misión de regular ciertos aspectos religiosos.


No existen los ritos de iniciación propiamente dichos, si bien estas sociedades secretas asumen en gran parte el papel que en otros grupos se destina a dichas ceremonias. Aquí hay sociedades que tratan de preparar a las muchachas para el matrimonio siguiendo los esquemas estéticos que la sociedad ibo exige a sus mujeres; en concreto, prefieren la obesidad como canon máximo de belleza. A este fin existen casas especializadas donde se mete a las muchachas que se van acercando a la edad de casarse, para que se pongan lo suficientemente gruesas como las circunstancias lo requieran. Pasan varios meses con abundantes y buenos alimentos en reposo absoluto, y se las unge con aceite para favorecer tal Estado. Cuando están suficientemente rollizas, las mejillas se han redondeado, poseen potentes brazos y han desarrollado una cintura abultada, entonces pueden abandonar su reclusión porque ya están preparadas para el matrimonio. Cuanto más abultados sean estos rasgos más bellas se las considera, aunque también es cierto que estos esquemas estéticos están bastante en declive ante la propuesta contraria que llega desde el exterior.



Aun sin ritos iniciáticos, la sociedad se ha articulado en grupos de edad que se integran en dos mitades diferentes y cuyo fin principal era la organización del trabajo comunal. Así, las diversas secciones se dividían en dos partes, y los grupos de edad que se iban formando en intervalos periódicos se integraban alternativamente en cada una de las mitades. Más o menos la sección contaba con unos doce grupos que constituían la clase de edad de los hombres repartidos en dos mitades; cuando se debía ejecutar un trabajo público, se encomendala una parte a cada mitad y ambas competían en rapidez y eficacia. Como a la entrada de los poblados había dos especies de pirámides que marcaban el inicio de los mismos, cada una de las dos mitades se encargaba del mantenimiento de cada una de ellas. En años alternos se celebraban fiestas y banquetes rituales organizados por cada una de las dos mitades. Cumplida la misión en la clase de edad de los hombres, se pasaba a la de los ancianos cuya responsabilidad principal era el control de los más importantes recursos económicos; las dos mitades seguían subsistiendo y cada una de ellas se encargaba de sectores productivos diferentes.


Aunque en los político los Ibo formaron una sociedad acéfala, en el ámbito religioso practicaron ciertos cultos comunes, como el Nri, y contaron con un jefe espiritual, el Eze Nri, cuyo poder y reconocimiento por parte de todos fue creciendo a lo largo del tiempo. Los sacerdotes consagrados a este culto tuvieron una gran influencia en muchas regiones.
Los Ibo piensan que Dios sólo hace el bien a los hombres, y entre sus divinidades han introducido también a figuras históricas que han entrado en la leyenda por algunos hechos extraordinarios. El sistema basado en el culto a través del oráculo y las sanciones emanadas de su interpretación estuvo muy extendido en la sociedad ibo y muchas de las profesiones más importante tenían los suyos propios, difundiendo su presencia allá donde llegaban sus afiliados. Por ejemplo, los herreros Awka dieron a conocer en muchas partes su oráculo Agbala, y los mercaderes Aro hicieron lo propio con el Aronchukwu; a ellos se encomendaban en sus actividades públicas y privadas, realizando ritos religiosos especialidados. El papel de los Aro fue muy importante porque controlaron las rutas y los centros comerciales. Ellos fueron también los verdaderos intermediarios del tráfico esclavista para el que recibieron una ayuda estimable de los responsables culturales de su oráculo; éstos hacían esclavos a las personas que consideraban culpables y se las entregaban a los traficantes para que los vendieran a los que estaban en contacto con los europeos de la costa. Los alusi eran las estatuas que presidían estos oráculos para dirimir litigios: si el acusado mentía, sería castigado contrayendo una enfermedad; si moría mientras estaba bajo la influencia del oráculo, todos sus bienes pasaban al santuario.

jueves, 11 de octubre de 2012

FALLA DE BANDIAGARA (LOS DOGÓN)

El paisaje rocoso proporcionado por la meseta y la garganta de Bandiagara es uno de los más impresionantes de África. Desde hace mucho tiempo es el hábitat del pueblo Dogón, que, en gran medida, ha sabido preservar su cultura tradicional y mantener un modo de vida propio, alentado por la observancia fiel de sus creencias tradicionales y el respeto a su arquitectura, en perfecta consonancia con el entorno. Casas, graneros, santuarios, altares, toguna y otras dependencias se realizan siguiendo unas normas estrictas, cuyo cumplimiento a lo largo del tiempo ha dado como resultado una de las concepciones más armónicas y peculiares del arte de la construcción.
El medio millon de componentes de este grupo se autodenominan Habe; se lo pusieron los musulmanes Peul y quiere decir "no creyentes" con respecto al Islam. La mayoría se inclina por fijar su antigua residencia en el país Mandé, al suroeste de Bandiagara, y otros en los aledaños del antiguo imperio de Ghana. La marcha hacia sus lugares actuales debió de obedecer o bien a una sequía en su hábitat antiguo, o a las presiones y persecuciones sufridas por parte de los pueblos vecinos islamizados. Aunque hoy día gran parte de la población dogón, sobre todo la que vive en las escarpadas pendientes de la falla, sigue conservando sus esquemas de vida tradicional, hay otra parte minoritaria, pero representativa, que ha aceptado el Islam, aunque con adherencias del legado tradicional dogón.
Al llegar a su enclave actual se encontraron una población autóctona, los Tellem; éstos convivían con otro pueblo aún anterior, los Pigmeos, que en las tradiciones se los denomina los "hombrecillos rojos". Al ser los Dogón un pueblo agricultor, comenzó la roturación de los bosques para extender sus cultivos, lo que provocó la marcha de los cazadores Pigmeos, habituados a vivir de los recursos cinegéticos de la selve. Sin embargo, los Tellem se quedaron y, a medida que fue pasando el tiempo, se mestizaron ambos pueblos y éstos se diluyeron en el colectivo Dogón.
Para este pueblo todo gira en torno a sus ideas cosmogónicas y religiosas, y su reflejo se halla presente en casi todas las manifestaciones materiales de la vida doméstica y social. Las viviendas, o ginna, tienen la forma del cuerpo humano y cada dependencia hace referencia a una de las partes del mismo: la entrada, que da acceso a un recinto rectangular donde se duerme, representaría las piernas; el patio que se abre a continuación simbolizaría el vientre y el tronco; los dos graneros que se levantan a los lados serían los brazos; la cocina la forma circular que cierra la casa vendría a ser la cabeza. Todas las cubiertas se hacen en forma de terraza y se emplean como secaderos o para dejar algún objeto inservible.


También tiene un sentido mítico-religioso especial la toguna, o Casa de la Palabra, donde se reúne el consejo de ancianos para tratar los asuntos de la comunidad. Su planta se delimita por ocho pivotes de madera rematados en horquilla, que sostienen potentes vigas para soportar un grueso techo de cañas de mijo y paja de arroz. La disposición de estos soportes, que recuerdan a las cuatro parejas de los antepasados, se orientan según los puntos cardinales y, a veces, aparecen adornados con sus efigies y otros relieves. La techumbre baja sólo permite que en su interior se pueda permanecer sentado; la explicación que se da a este hecho es que los ancianos, si tienden a levantarse en el calor de las discusiones, se golpeen con el techo y vuelvan a sentarse en su lugar, conservando la calma y la compostura que siempre deben tener.


Cada poblado está dirigido por un consejo de ancianos a cuyo frente se sitúa el hogon, personaje al que se le atribuye una cierta aureola de espiritualidad y poderes rituales. El hogon que preside el cantón es el encargado de dirigir el culto a los antepasados y de cuidar el santuario donde se guardan las máscaras sagradas que, normalmente, ocupa alguna de las abundantes cavidades que contienen las paredes de la falla. También se emplean estas oquedades como lugares de enterramiento y, cuando se encuentran a gran altura, los hbres deben subir al muerto valiéndose de cuerdas y recurriendo al método de la escalada sobre la pared, en la que muestran una gran destreza y habilidad. Al muerto se le entierra con la manta que úso durante su vida y los funerales que por él se hacen se convierten en celebraciones festivas, amenizadas por diversas danzas cuyos participantes llevan máscaras.
La ocupación principal de los Dogón es la agricultura; Bandiagara en dogón significa "gran plato de comida", y hace referencia a la disposición del terreno y a la forma de cómo se han ubicado los cultivos. Son unos expertos agricultores de mijo, y últimamente ha experimentado un gran auge la explotación de la cebolla, que en algunas partes se ha convertido casi en un monocultivo. Los graneros son de planta cuadrangular, cuyas paredes se estrechan a medida que van tomando altura; se cierran con techo cónico de paja y, ordinariamente, se abre una ventana cuadrada cerca del techo y otras dos más pequeñas en el tercio inferior. La existencia en los mismos de tres pares de palos cruzados significa que se trata de un granero masculino, que hace realmente las funciones de silo; cuando la construcción es pequeña y sólo tiene un par de palos se denomina incorrectamente granero femenino, porque sirve para guardar los efectos personales de la mujer.



El arte dogón es extenso, de una belleza singular y está impregnado de las ideas mítico-religiosas que aparecen en todas las circunstancias de su vida. El nacimiento de las máscaras está estrechamente relacionado con la aparición de la muerte: cuando Atanu insultó a los humanos que  le descubrieron en plena transformación, éstos, para prevenirse de una posible venganza, hicieron una máscara serpentiforme conocida como Iminama; contiene el nyama , o primera alma humana, y es guardada en lo más secreto del santuario. Preside la fiesta del Sigi, que se celebra cada sesenta años en medio de grandes ceremonias religiosas y festejos lúdicos. Durante la misma se escoge a los miembros que serán los encargados de mantener el culto a los antepasados y que tendrán derecho ahonras fúnebres especiales con la presencia de la Iminama. Otra máscara importante es la denominada Casa de los pisos, cuya altura es considerable y simboliza, al parecer, la casa del hogon o la visión cosmogónica propia de este pueblo. En total, los Dogón suelen utilizar unas ochenta máscaras diferentes.


Las estatuillas son representaciones de los nommos, o espíritu de los antepasados; reciben un culto habitual para pedir fertilidad, obtener buenas cosechas y alejar las enfermedades. También los objetos domésticos gozan de un cuidado estético especial; sobresalen sus copas rituales adornadas con incisiones geométricas y los relieves de todo género que embellecen puertas y ventanas. En la mayoría de los casos aparecen los nommo, y se presentan escenas vinculadas a los diversos mitos o se reflejan simplemente los quehaceres de la vida diaria. En todas estas manifestaciones artísticas hay muchas reminiscencias de la plástica Tellem y del signo inconfundible del artista, que es el herrero. El resultado de todo son unas composiciones de estilo rectilíneo en las que se busca más una distribución equilibrada de los volúmenes que la ejecución del detalle.


lunes, 8 de octubre de 2012

AXUM

Axum es la cuna de Etiopía; en el siglo III un texto griego la describe como "el tercer reino del mundo" en importancia. En el Kebre Negest (Gloria de los Reyes) se dice que los primeros habitantes descienden de Noé, uno de cuyos hijos, llamado Axum, dio nombre a la ciudad y al imperio. Las fuentes históricas señalan que su primitivo origen hay que situarlo en el antiguo puerto de Adulis, en el mar Rojo, que adquirió una gran importancia durante el siglo II.
Anteriormente, toda la zona había conocido la presencia de numerosos grupos, procedentes en su mayor parte del sur de Arabia, que habían llevado consigo muchos elementos de la cultura sabea. Al mezclarse con los autóctonos africanos surgió una cultura híbrida, cuyo exponente más importante fue la ciudad de Yeha, no lejos de Axum; las excavaciones han sacado a la luz importantes vestigios de la cultura sabea y un templo dedicado al culto del sol y de la luna, con representaciones de los dioses Naura y Ashtar.
en el siglo IV, un monje sirio convirtió el rey Ezanas al cristianismo y el reino conoció un auge espectacular, emprendiendo campañas victoriosas contra los pueblos vecinos. La nueva religión, el poder político y el bienestar económico propiciaron la aparición de monumentos donde se combinan elementos tradicionales con aportaciones cristianas. En el siglo VI un viajero griego, Cosmas, visitó Adulis, y nos describe el esplendor del mismo, su gran número de construcciones, sus templos, las mansiones ricamente decoradas de la gente principal, los numerosos barcos que recalaban allí y la presencia de mercaderes llegados de diversas partes del mundo ( persas, hebreos, egipcios, etc.), junto a la diversidad y cantidad de mercancías embarcadas y desembarcadas.
Los edificios de Axum son de grandes proporciones, según la técnica de construcción de Arabia. Presentan una planta rectangular y emplean la argamasa como elemento de unión. del primer milenio datan una serie de edificios y de templos, entre los que destacan las ruinas del conocido Palacio de la reina de Saba, cuyas medidas alcanzan los ciento veinte metros de largo y ochenta de ancho. Según el relato legendario recogido en el citado Kebre Neguest, la reina de Saba, hacia el siglo VII a.C., visitó al rey Salomón, de quien quedó embarazada; de esta circunstancia nació Menelik, que fue el primer rey de axum y el inicio de la realeza etíope.
El templo más completo que ha llegado a nuestros días es la basílica de Santa María de Sión, pero su última reconstrucción data sólo del siglo XVIII. Su reedificación se hizo sobre el emplazamiento de una antigua iglesia cuyo acceso estaba prohibido a las mujeres; se dice que tal prohibición se debió a que dicha iglesia fue destruida por la reina pagana Guedit, que arrasó el reino de Axum en el siglo X. En esta iglesia se conserva lo que para los etíopes es la verdadera Arca de la Alianza, pues, según la tradición, Menelik, sirviéndose de la astucia y del engaño, logró apoderarse de ella en el templo de Jerusalén y dejar allí una réplica.
La iglesia, que estaba en pie durante el siglo XVI, fue visitada por el capellán de una embajada portuguesa, el padre Francisco Álvares, y su testimonio fue recogido por el jesuita español Pedro Páez, que un siglo más tarde, trabajó durante bastante tiempo en Etiopía y escribió la historia más completa de este país: "...Tenía cinco naves techadas con bóvedas y pintadas, y siete capillas con sus altares hacia oriente bien conjuntados; tenía coro como los nuestros, pero colocado tan bajo que casi se llegaba con la cabeza a su techo, y sobrecoro, aunque no se sirven de él. Mas ya todo esto cayó, sin quedar en pie más que las paredes de fuera de unos dos covados de altura; y en el medio hicieron otra iglesia mucho más pequeña, puesto que era de tres naves con pilares muy gruesos; permanece oscura por ser las ventanas pequeñas y estar cubiertas de paja. Se sube a ella por los mismos peldaños de la antigua, que son diez, de piedras muy hermosas y largas..." ( Historia de Etiopía. Lib. II. Cap. 15).
Las ruinas pertenecientes a placios o a edificios públicos han permitido a los arqueólogos recomponer la forma de los mismos y presentárnoslos como grande construcciones rectangulares de tres plantas y torretas en las cuatro esquinas; la mampostería alternaría con bloques de granito tallado. Toda la ciudad está cubierta por restos arquiológicos de diferentes procedencias: esculturas, cerámicas, tumbas ( entre las más significativas están las atribuidas a los reyes Menelik, Caleb y Guebre Mesquel), columnas, inscripciones, etc. que los investigadores y estudiosos podrán ir despejando, catalogando y explicando el alcance cultural de todos y de cada uno de ellos.
Los más importantes y destacados son las Estelas y Obeliscos, asociados íntimamente a la cultura axumita. De éstos se piensa que, al menos, eran siete, de los que sólo se conservan tres en situación distinta: uno queda en pie, y se trata de un monolito de veintisiete metros de altura; otro yace caído y fragmentado, y un tercero, que estaba en las mismas condiciones que este último, fue reparado por los italianos durante la ocupación colonial del país y llevado a Roma. En el que permanece en pie, la cara central y las laterales están cubiertas por una decoración rectilínea y adintelada que imita las puertas de entrada a un edificio; los diferentes cuerpos están marcados por incisiones ondulantes y la coronación de todo el monolito es uan especie de gorro semicircular con molduras de media caña a ambos lados.




El que yace por tierra mide cerca de treinta y tres metros y presenta una decoración similar a la descrita, si bien es algo más refinada y muestra un acabado más perfecto; se cree que fue el más alto de todos.


El obelisco romano fue trasladado a la capital italiana por Mussolini en 1935 y se colocó junto al Circo Máximo.
A finales de 1997, el presidente italiano Oscar Luigi Scalfaro visitó Etiopía y, siguiendo una resolución de la UNESCO, que pide la devolución a sus países de origen de los objetos artísticos substraídos en las diversas vicisitudes históricas, prometió la restitución del monolito. De vuelta a su país, se alegaron problemas técnicos para su traslado y el monumento sigue donde se instaló.
Las estelas abundan por doquier y, hasta el momento, se han reseñado unas ciento veinte; su morfología y acabado son muy diferentes, cubren diversas épocas y se stima que son reminiscencias sabeas. Aunque parece que su principal significado es el funerario, no se descarta que alguna de ellas tenga un carácter votivo o conmemorativo; en una de las ma´s valiosas, por ejemplo, se encuentran recogida en tres lenguas las gestas victoriosas del rey Ezanas. Una de estas lenguas es el ghezo, que nació de esa simbiosis cultural entre la cultura sabea y la autóctona africana; además de soporte literario, esta lengua se emplea con carácter exclusivo en los oficios litúrgicos.
A partir del siglo VII, Axum fue perdiendo paulatinamente importancia y toda su riqueza monumental quedó arruinada. El mencionado Pedro Páez dice de Axum que "ahora está muy lejos de poder llamarse ciudad, porque, a lo más tendrá ciento cincuenta o doscientas casas de tierra muy pequeñas y tristes cubiertas de paja..." Sin embargo, rememora su grandeza antigua:"... Los moradores de aquellas tierras afirman que tienen por tradición muy cierta haber sido antiguamente una ciudad muy insigne y la mayor que nunca hubo en Etiopía, y la ruina de los edificios que aún ahora aparecen dan buena muestra que fueron suntuosos. Y en un terreno dentro de la población están hoy en pie trece piedras bien labradas, algunas como de 30 palmos de alto, y una con muchas molduras que tiene por cada costado cinco palmos de grueso y delante doce; y de alto tendrá ciento con no ser más que una sola piedra..."( Historia de Etiopía. Lib. I, Cap. 20).

viernes, 5 de octubre de 2012

LOS SIDAMO

Los sidamo son casi dos millones de individuos sobre un hábitat caracterizado por una serie de valles, llanuras y montañas que descienden hacia la región del Rift Valley.


Su medio ambiente se caracteriza por los bosquecillos de Wese, de esa planta los sidamo extraen la pulpa y la harina de la wesa, que es la comida tradicional y que constituye el 50% de su régimen alimentario y el plato habitual, aderezado con alubias, coles, mantequilla, carne... según las posibilidades de cada familia.


Su tronco se utiliza para la estructura de las cabañas, que luego se cubre con hojas de este mismo árbol y otros añadidos vegetales. Disponen éstas de un gran techo cónico que casi llega hasta el suelo, dejando ver un poco el tambor configurado por la planta circular, a veces está concebido de forma escalonada.

El gran tamaño de las hojas hace que se las emplee para diversos usos domésticos, como en camas o para sombrillas, esteras, de su nervio central se fabrican cuerdas y con su fibra se consiguen vendajes para las heridas. también se les atribuyen propiedades analgésicas para aliviar el dolor de cabeza y de estómago.





Los Sidamo nunca han tenido un sistema político centralizado y su forma de gobierno se asemeja a una teocracia anárquica, donde autoridad social y religiosa parecen identificarse. La sociedad está estructurada en clanes (sircho), cada uno de los cuales tiene una pureza diferente de sangre y una categoría social distinta de acuerdo con la posición de los antepasados. El clan más puro y el que ostenta una autoridad mayor es el que desciende del antepasado Abbo; éste tuvo otros siete hermanos que, a su vez, se convirtieron en cabeza de los otros clanes, pero todos conceden una preeminencia al primero. Esta segmentación del clan está complementada por un dispositivo vertical clasista, basado en el origen de las personas y en su actividad económica y marcado por la pureza de la sangre. Hay, pues, dos clases puras: los yemeros o nobles, pertenecientes a las familias aristocráticas del clan, y los wolawa u hombres libres que, junto a los anteriores, tienen derecho a poseer la tierra. Y otras dos impuras: los wato o artesanos ( alfareros, herreros y curtidores) y los boroyich o esclavos; ni unos ni otros podían poseer tierras ni apelar al Consejo de ancianos (chemeye), máxima autoridad local, y eran marginados y temidos porque podían propagar el mal de ojomy otros males y enfermedades.
Entre los jefes tradicionales más importantes tenemos el Ghanna, que ostenta la autoridad suprema, y vive habitualmente en el santuario de Bocasso, donde se encuentra el espíritu de Abbo.


Su autoridad es hereditaria y su actividad sociopolítica más destacada es la de presidir el Comité central de los clanes, que es la institución donde se regulan las leyes tradicionales. El Karricha es el ejecutor de estas leyes, se desplaza por los lugares de su competencia para solucionar los problemas que le presenten y para promover el culto religioso. Su autoridad también es hereditaria. La autoridad de Woma no se adquiere por nacimiento, sino que se gana por méritos propios y por la reputación adquirida al conciliar posturas y dirimir pleitos. El Garo o Gadanna tiene sólo autoridad limitada a un período de ocho años, que es lo que dura el luwa o la clase de edad surgida después de la iniciación. Estas autoridades están integradas en el Consejo de ancianos, que es quien verdaderamente gobierna al pueblo en todas las circunscripciones locales.


La entrada en este Consejo se hace de forma automática después de la iniciación. Los sidamo realizan su periodo de iniciación en la edad madura, cuando ya muchos de ellos están casados. Hacia el mes de octubre, los aspirantes son recluidos en un recinto rodeado por empalizada de cañas acompañados por los iniciados en el luwa anterior; allí los nuevos iniciados ungen con mantequilla la cabeza de los ancianos mientras éstos bendicen a los neófitos.






Luego pasan a un bosquecillo donde tiene lugar la circuncisión en presencia de un yala, o amigo del aspirante que le acompañará todo el tiempo que dure el período iniciático. Al día siguiente, se sacrifica un carnero y el anciano encargado del rito bendice a los circuncidados, deseándoles longevidad, fecundidad, éxitos y felicidad; al mediodía tiene lugar un banquete; terminado el cual, se pasa a unas nuevas chozas donde estarán en clausura por un tiempo de cuatro a cinco meses. Durante este período se tiene una reunión con los ancianos; en el curso del cual se sacrifica una vaca y el kilancho o adivino, lee en las entrañas la suerte que acompañará a los recién iniciados; también tendrán que dar caza al pájaro wolima, que es símbolo de buen augurio. La iniciación se termina con un rito de purificación.

 

El iniciado ya es un verdadero anciano y, como tal podrá utilizar la gonfa, que es un vestido tradicional.
Los ritos funerarios revisten una gran solemnidad. La muerte no se hace oficial hasta no haberla comunicado a todos los parientes, y el enterramiento precede a los funerales. Sólo los hombres llevan al difunto hasta la tumba. La tumba es una fosa recubierta de cañas con un fondo estrecho, con el fin de que se pueda cubrir fácilmente con palos e impedir, de esta forma, que la tierra toque el cadáver. Cuando se deposita éste y se está echando tierra, el hijo mayor arroja la calabaza y pronuncia esta frase protocolaria: "Para que no te falte jamás". Unos diez días más tarde, en el momento que el consejo  considere más oportuno para el espíritu del difunto, tiene lugar el funeral, al que deberán asistir obligatoriamente todos los parientes del muerto; de tal forma se controla su presencia.
El funeral está presidido por un árbol al que se le ha quitado la corteza y pintado de un color intenso; en su base se colocan los objetos personales del difunto. la esposa asiste con dos plumas de wolima en la cabeza como expresión de buena suerte. Durante tres días se observa un duelo cuyas manifestaciones más importantes son las danzas guerreras de los hombres; durante su ejecución, los danzantes se golpean a sí mismos con cuerdas o palos, mientras que las mujeres gritan al tiempo que se autolesionan entre grandes llantos y lamentaciones. Al final del tercer día tiene lugar el sacrificio mittigo, en cuya celebración los asistentes lanzan imprecaciones contra los malos espíritus y la carne es arrojada al bosque. Mediante este sacrificio, el mal espíritu del difunto se ha ido con la víctima del sacrificio y ésa es la razón por la que no se debe comer su carne. Después se derriba el árbol, y las mujeres, con agua y un manojo de ramas, recorren el lugar donde se ha realizado la ceremonia purificándolo mediante aspersión
A la mañana siguiente tiene lugar otro nuevo sacrificio, el kisso, celebrado por uno de los ancianos en quien el karricha ha delegado sus funciones mediante una compensación pecuniaria. Las vísceras del buey sacrificado serán examinadas por el kilancho, que predecirá el buen o mal augurio para la familia, pero la paz con el espíritu está totalmente restablecida por lo que la carne se come. La plantación del árbol en un funeral indica que el difunto era una persona principal por su riqueza, por haber sido un guerrero o por haber dado muestras en algún momento de su valor. Para las mujeres, en lugar de levantar un árbol, se erige un muñeco del que se cuelgan sus pertenencias.




martes, 2 de octubre de 2012

ELEMENTOS Y CLASIFICACIÓN DE LAS MÁSCARAS

La máscara africana está compuesta de dos elementos. El primero es la máscara propiamente dicha, que oculta la cabeza del portador. El actor debe perder su protagonismo, en beneficio del ser que representa, ocultando su cabeza. Esta parte se subdivide, a su vez, en dos: la talla y la cobertura que envuelve la cabeza. El segundo elemento es el disfraz que oculta por completo el cuerpo del bailarin. Este disfraz puede ser un vestido de palma, de rafia o de tela. En muchos casos estos disfraces se complementan con bastones, sonajeros, zancos y otros elementos que imprimen fuerza al aspecto general. Podemos clasificarla por sus formas y medidas, por los materiales usados en su confección y por sus características faciales.

A) EN CUANTO SU FORMA
Algunas máscaras cubren solamente el rostro. Son las máscaras faciales. Estas no van atadas a la cabeza del danzante sino que forman parte de un disfraz o de algo que cubre la cabeza.
Otras están representadas por las máscaras casco que cubren la cabeza. Existen diversos tipos de estas máscaras. El primer tipo está labrado de un tronco de árbol. Cubre la cabeza entera y el borde del casco descansa sobre los hombros del que lo lleva. Algunas de estas máscaras tienen una, dos y hasta tres e incluso cuatro caras humanas. El segundo tipo cubre la mitad de la parte posterior de la cabeza como una gorra del cráneo. La parte anterior de la máscara que cubre la cara tiene rasgos humanos. El tercer tipo es semejante al primero pero representa algún animal.

Hay máscaras que parecen un tocado. Unidas al disfraz que cubre todo el cuerpo del danzante, da a éste, debido a su exagerada altura, el aire de un espíritu sobrenatural. Hay máscaras con senos prominentes. Estas máscaras son usadas en los ritos de la fertilidad y en los exorcismos de espíritus malignos. Así, por ejemplo, los Ibo de Nigeria y los Dogón, en sus ceremonias de iniciación, además de las máscaras, usan otros disfraces, a los cuales cuelgan pechos artificiales. Algunas máscaras pequeñas son usadas como amuletos. Así los Ashanti de Ghana y los Baule de Costa de Marfil usan máscaras de oro como adornos. Otras etnias, como los Bapende de la República Democrática del Congo, las llevan colgadas del cuello y otras etnias las sujetan en sus manos o vestidos.
Hay máscaras que son insignias de los grandes. Así los miembros de la sociedad secreta Bwami de los Warega del la República Democrçatica del Congo usan máscaras de marfil o de madera que son distintivos de su grado. Existen coronas hechas con ornamentos de abalorios. Los reyes Yorubas, de la actual Nigeria, usan esta especie de corona. Tienen dos rostros en su parte anterior y cubren la cara del rey, significando la pérdida de su identidad y al mismo tiempo sus poderes míticos.

B) EN CUANTO A LAS MEDIDAS.
Las máscaras presentan una gran variedad de dimensiones. Algunas son más pequeñas que el rostro humano; otras tienen la misma dimensión, mientras que algunas las superan. También las máscaras que representan animales tienen diferentes medidas. Las máscaras Dogón, con sus superestructuras, son las más grandes. Las máscaras amuletos son, por el contrario, las más pequeñas. En las máscaras grandes el artista puede representar formas y expresiones más atrevidas, con lo que el danzante destaca más como investido de una fuerza sobrenatural.

C) EN CUANTO A LOS MATERIALES.
Diversos materiales son usados en la fabricación de máscaras, pero el mayor número de ellas ha sido construido con madera que abunda en las selvas tropicales. El artista escoge los distintos tipos de madera tieniendo en cuenta algunas consideraciones.
En primer lugar, se cree que el árbol, como materia viviente, es más conveniente como portador de una fuerza vital. La máscara deriva su poder mágico de la rama o tronco de un árbol cuyas raíces se han alimentado de la tierra y cuyas hojas han recibido el agua del cielo. Se piensa que la fuerza del árbol pasa, en primer lugar, al escultor aumentando su poder y, en su segundo momento, a la máscara en la que va a habitar desde aquel momento.
En segundo lugar, se cree que el árbol posee un espíritu de habita en él. Antes de talar el árbol, el leñador consulta al adivino, se purifica y ofrece un sacrificio para aplacar al espíritu del árbol al mismo tiempo que le suplica le conceda su perdón por cortar una de sus ramas. Con frecuencia, después de cortar el árbol, lo deja por algún tiempo en tierra hasta que el espíritu encuentre una nueva demora. Algunos árboles son considerados sagrados y no pueden ser cortados pues suministran alimento para el hombre.
En la sabana sudanesa, el escultor, antes de comenzar a crear una máscara, vive retirado espiritual y físicamente. El escultor es un maestro técnico. Tiene un gran sentimiento por la madera misma. Conoce sus fibras y sus formas estructurales. Generalmente usa madera verde y blanda porque es más fácil trabajr. Algunas veces unta la madera con aceite de palma para que se seque despacio. Usa madera más fuerte, por ejemplo el ébano, para esculpir objetos más pequeños, o aquellos que tendrán que sufrir las inclemencias del tiempo.
El escultor suele limar la superficie de la madera con hojas, pieles de animales, arena, trozos de cristal o hierros calientes. Con frecuencia la superficie muestra algunas sustancias de sacrificios como nueces de goma de mascar y sangre, con su energía vital, que aumenta la eficacia y el poder de la máscara.
Solo una minoría de las máscaras existentes son de marfil. La razón es que los colmillos de los elefantes pertenecían al rey o al jefe, el cual, sobre todo a partir del siglo XVI, los usaba en el comercio con los europeos. El marfil era exportado, como materia prima, priemero por medio de las caravanas y más tarde en barco. Los Warega de la República Democrática del congo, que tenían que matar elefantes para salvar sus cosechas, constituían una excepción.
También otros materiales son usados en la construcción de las máscaras. Los Senufo y los Ashanti se sirven del latón para fabricar las máscaras que usan como adornos. Los Ashanti y los Baule hacen pequeñas máscaras de oro, usadas como ornamento que conmemoran los espíritus de los reyes y jefes muertos en la guerra. Muchas tribus usan material tejido a punto y otras máscaras están hechas con cestería. Otras están fabricadas con varitas o con cortezas pintadas. En Camerún usan abundantemente las cuentas.

Hay máscaras que están construidas con una combinación de diferentes materiales. Algunas, por ejemplo, están hechas con tejidos, rafía, conchas, cuentas de cristal y madera. Se pueden añadir otros materiales, tales como dientes, cabellos, huesos, bayas, fibras vegetales, piezas de metal o tejido. Esta diversidad de materiales tiene como objetivo aumentar la eficacia y el poder de las máscaras. La piedra no se usa nunca en la fabricación de máscaras.

D) EN CUANTO A LOS COLORES.
El último eslabón en la creación de una máscara es su decoración. La mayoría de las máscaras son pintadas con tintes vegetales o de tierra. Al estudiar las máscaras africanas hay que tener en cuenta los colores y el simbolismo que encierran. Así, el blanco puede significar la muerte, las tinieblas o la primera fase de iniciación. El color rojo es el más poderoso y el que más se usa. Significa la fuerza vital y el el color de los iniciados. El negro simboliza las pruebas, la tierra, el misterio. El amarillo representa la intercesión y el verde la victoria sobre la vida. Estos significados pueden ser diferentes según las sociedades y, por lo tanto, hay que conocer la simbología propia de cada grupo.

E) EN CUANTO AL ESTILO.
El estilo de las máscaras difiere según las diversas funciones que desempeñan. Las máscaras son en general atrevidas porque representan seres mitológicos, legendarios, con frecuencia animales asociados con los fundadores de la tribu. Para dar expresión a estos espirítus, el artista usa todo su poder imaginativo y crea máscaras fantásticas.
En contraste, las máscaras usadas en rituales más íntimos y privados, como son el culto a los antepasados y los cultos mágicos, con frecuencia tienen una expresión más serena.
Si nos fijamos en las características faciales de las ma´scaras,e stas muestran una gran diversidad. Pero, a pesar de ello, ciertos rasgos son comunes a toda el África occidental y central: en base aestos rasgos podemos distinguir tres categorías:

ANTROPOMORFAS:
1. Máscaras con rasgos naturalistas. Dentro del gran número de máscaras africanas, solamente un escaso número de ellas representan figuras con rasgos típicamente negroides. El escultor no pretende representar la realidad sino ofrecer una morada para el espíritu, para lo cual un estilo no realista es más conveniente.
2. Máscaras con rasgos idealizados. Podemos llamarlas máscaras estilizadas, idealizadas o humanistas. Estas se encuentran en medio camino entre las que tienen una forma naturalista y las que presentan una forma abstracta. A veces tienen expresiones serenas , espiritualizadas. En general las expresiones faciales son impersonales y no muestran ninguna emoción.
Si las comparamos con las máscaras negroides, vemos que tienen narices alargadas en contraste con las narices achatadas de estas últimas. Además tienen una boca y unos ojos rasgados, mientras que en aquella la boca y los ojos son carnosos.


3. Máscaras con expresiones aterradoras. Algunas de estas máscaras son usadas para ahuyentar a los espíritus del mal. Otras tienen un sentido más bien cómico y se usan en algunas representaciones y para divertir a la gente.


4. Máscaras abstractas. Para el africano, el uso de formas abstractas es natural y sirve para dar forma a algo que está más allá de la realidad, esto es, para encarnar un espíritu. De este modo puede expresar su mundo interior en apropiadas formas abstractas. convierte así lo que antes era vago y ambiguo en algo presente y real. Evita los objetos naturalistas como medios de expresión del mundo invisible y produce formas nuevas más de acuerdo con la naturaleza abstracta de su imagen interior.

ZOOMORFAS:
Las máscaras con rasgos de animales o con una combinación de cabezas de animales y rasgos humanos son frecuentes. Estas máscaras son el medio más adecuado para dar expresión ala relación del hombre con lo sobrenatural. Tomando la forma de un animal, el portador se convierte, no solamente en apariencia sino también en su esencia, en otro ser encarnando de este modo los atributos del animal representado. Así la cabeza de un elefante simboliza su fuerza; la araña, la inteligencia; los cuernos, la luna... y ésta, a su vez, simboliza la fecundidad.
Además, para el africano, hombres y animales poseen la misma energía vital, la cual se puede transmitir por medio de ritos apropiados. El hombre puede también adquirir ciertas cualidades atribuidas a un particular animal, tal como la fuerza del león, el poder vital del toro o la agilidad del antílope. Las máscaras de animales tienen un origen en los mitos que describen la existencia de seres sobrenaturales en forma de animales. La transmisión oral de estos mitos creó la conciencia de una misteriosa conexión entre el hombre y los animales.
Cuando el danzante usa tales máscaras sufre una transfiguración; repite magistralmente los movimientos del animal, si es conocido; cuando la máscara representa un animal extinto o mitológico, el danzante, al no poder observarlo, es incapaz de representar sus movimientos, pero esta misma dificultad es un incentivo para su fantasía creadora.
Las características de un animal mitológico son múltiples. Se destaca el papel importante que jugó en la creación del mundo y es asociado, frecuentemente, con el origen de los antepasados. Así, se piensa, que un determinado animal ayudó al fundador de la tribu a ocupar la tierra que ahora habita y le enseñó algunos conocimientos esenciales. Por ejemplo, el perro ayudó a los Dogón a encontrar los pozos de agua. Del mismo modo un mítico antílope enseñó a los Bambara a cultivar la tierra.
Esta mística y fuerte conexión con el antepasado legendario convirtió a estos animales en protectores o guardianes de un determinado grupo. Esta creencia constituye un lazo muy fuerte y unificador de todo el clan. Por esta razón les está terminantemente prohibido matar dicho animal protector y comer su carne. Pero esta alianza, en la mayoría de los casos, no es totemista pues el clan no atribuye su origen a un cierto animal.
Hay otro aspecto que tenemos que tener en cuenta. Se cree que cuando un animal muere, su energía espiritual queda libre y para evitar que tal espíritu errante pueda hacer el mal al cazador se fabrican las máscaras para que capturen dicha energía y así permanezca bajo el control del cazador.

MÁSCARAS CON SUPERESTRUCTURAS.
Hay un grupo de máscaras que llevan por encima figuras de seres humanos. Otras están rematadas con superestructuras de animales y finalmente hay algunas que tienen otros tipos de superestructuras.
Las máscaras con superestructuras más conocidas son las grandes máscaras Dogón. También los Mossi y los Bobo de Burkina Faso, quizás por influencia de los Dogón, usan máscaras con superestructuras. Queda excluidas de este grupo las máscaras que tienen cuernos y pequeñas prominencias.

lunes, 1 de octubre de 2012

LOS AFROARGENTINOS

Hoy os voy hablar de un libro que ha llegado a mis manos, se llama los Afroargentinos escrito por el Dr. Jean Arsène Yao, profesor asistente de la Universidad de Cocody en Abidjan, Costa de Marfil, redactor de la revista Mundo Negro.



La presencia africana en Argentina ha sido objeto de numerosas investigaciones que se pueden agrupar en cuatro grupos. Según Nilda Anglarill, el primero se refiere al estudio cuantitativo de la trata negrera y la integración social de los negros a partir de un análisis júridico. El segundo estudia más bien la integración económica de los negros a partir del análisis del trabajo de los esclavos y libertos. El tercero pone de relieve los aspectos culturales de la esclavitud, analizando y describiendo las manifestaciones culturales de origen africano. Y el cuarto hace un estudio antropológico de las culturas africanas recreadas hoy en día en Argentina.
Los mencionados estudios dejan claro que la llegada de esclavos africanos al actual territorio argentino se produjo con la conquista y colonización del continente americano. Pero su ingreso sistemático al puerto de Buenos Aires comenzó poco después de 1580. Lo favoreció las necesidades de mano de obra y la casi inexistencia de población india. Los esclavos traídos al Río de la Plata provenían mayoritariamente de la costa occidental africana.
Entre los siglos XVII y XIX, ingresaron legal e ilegalmente esclavos africanos al puerto de Buenos Aires. Con esta población , Argentina hizo su revolución, se constituyó como república y se consolidó como nación en el ocaso del siglo XIX y principios del XX. Las guerras, la pobreza, las enfermedades y el blanqueo por la mezcla de razas pudieron llevar a una caída demográfica de la población afroargentina. Al igual que la tendencia a ignorar o minimizar su presencia física al no registrar su origen africano en los censos, o su ocultación bajo otras denominaciones. En algunos casos los llaman trigueños en lugar de negros y hasta blancos nativos cuando su ubicación profesional o social lo permitía.
La historia económica y social de Argentina desde la época colonial nos indica la supremacía de los esclavos africanos en gran cantidad de tareas que se pueden ubicar dentro de las áreas artesanales y servicios domésticos. Las mujeres eran cocineras, lavanderas, costureras, planchadoras y amas de cría. Los hombres eran principalmente herreros, carpinteros, zapateros, albañiles, sastres y barberos. Los esclavos africanos tuvieron también una presencia muy importante en el mundo rural. Jugaron un gran papel en la cosecha y la trilla del trigo. Participaban en la yerra y en los apartes de ganado, domaban potros, paraban rodeos, vigilaban las huertas, cazaban perros cimarrones, hacían cueros y trabajaban en los hornos de ladrillos.
La cultura de los negros se fue incorporando poco a poco a la blanca, haciéndose más notoria con elementos de la religión, la literatura y la música. Como sucedió en otras regiones de América, los afroargentinos utilizaron las fiestas católicas para celebrar sus propios ritos paganos. Rindieron culto a estatuas de santos que en realidad representaban a sus dioses nativos. Este sincretismo fue favorecido por la existencia de las cofradías religiosas. Eran instituciones donde la tendencia a la agrupación de los negros queda demostrada. Reunidas para practicar el culto católico, sirvieron como marco social para que el idioma y la religión africana se conservaran. Respecto a las letras, fueron muy pocos los escritores negros que trascendieron en la literatura. A excepción de Horacio Mendizábal, poeta romántico increíblemente desconocido dentro del campo académico argentino, ninguno aparece en las páginas de la historia de la literatura argentina. Asimismo, hubo por lo menos media docena de periódicos editados por la comunidad negra. Los más leídos eran La Juventud, La Verdad, La Igualdad y La Broma.
En cuanto a la música, se puede decir que la presencia africana se notó en la payada, el candombe y el tango. El canto de hombres solitarios errantes, que con su guitarra recorrían la campaña, fue una de las más fuertes expresiones poético-musicales de Argentina. Con esta tradición, reconocida e incluso mitificada por la literatura gauchesca, se difundió la denominación de payador y de payada. Profesionalizó el canto del payador elevándolo a la categoría de arte. pero la mayor huella africana que reflejan los historiógrafos es el candombe. Los afroargentinos lo reivindican como propio. Constituía al menos uno de los elementos que utilizaban para construir una identidad diferencial respecto de otros grupos. En esta danza popular por excelencia se contiene casi toda la historia de la raza negra en Argentina. Una danza que evolucionó para dar origen al tango.
Sin embargo, fue en el ejército donde el negro dejó su mayor legado y por supuesto su vida. Voluntaria o compulsivamente, se mezcló en las guerras. cuando se le exigió, el negro no sólo peleó sino que lo hizo con bravura. Y del esclavo doméstico, artesano o jinete, resurgió el guerrero, el lancero. Algunos alcanzaron el grado de coronel: Lorenzo Barcala, Domingo Sosa, José María Morales. Pero ninguno llegó a general. Los negros participaron en las guerras de independencia y contra brasil, en la batalla de Caseros y en cepeda, en Pavón y en la guerra de la Triple Alianza.
A pesar de las mermas producidas por las guerras, el negro entró a formar parte del tronco étnico argentino en una intensidad no despreciable. Mezcló las características de su raza y su cultura con las de los europeos e indios recreándose a su vez en ellas. Así contribuyó como afroargentino a constituir un sujeto histórico-cultural a partir de las asociaciones. La tendencia a la agrupación por parte de los esclavos africanos dio lugar a la formación de las llamadas "Naciones" y "Sociedades" de ayuda mutua. Estas agrupaciones buscaban recursos económicos para la compra de la libertad de sus afiliados, inculcar cultura, amor al trabajo y moralidad. Verdaderos refugios de africanía, eran la reunión de cierto número de individuos que procedían de una misma región africana. Esto se evidencia, salvo en unos pocos casos, en la denominación de las mismas: Asante ( Ashanti), Bayombé, Brasilera, Congo, Loango. Las más existosas "Sociedades" afroargentinas del periodo 1860-1890 fueron La Fraternal y La Protectora. Ambas recibieron un cálido y esperanzado apoyo de la comunidad negra. Hasta la década de 1970, el Shimmy Club era la cita obligada para año nuevo y carnavales de la población negra en Buenos Aires. Como lugar de encuentro de la población negra, favoreció una movilidad hacia la búsqueda de una identidad africana.
No obstante, en el proceso de construcción de la identidad histórica nacional y étnica en Argentina, para los afroargentinos valorar el ancestro negro sigue siendo difícil. Mediante su ocultación fenotípica y cultural, se ha ignorado su historia, su actualidad y sus derechos en los procesos socioculturales en la definición de la nacionalidad. La historiografía oficial ha omitido la aportación de la población de origen africano a la identidad argentina. Su exclusión ha contribuido a la invisibilidad de su protagonismo con indios y europeos en la construcciónd e la nación. Y por ende, al reclamo de una argentinidad sin negros, expresión de una construcción ideológica que ha hecho el estereotipo "nación de raza blanca y de cultura europea" un elemento clave de la identidad argentina.
Las raíces de muchos ciudadanos argentinos se hunden en lejanas tierras africanas. Pero no deja de sorprender que el tema de la existencia de personas de origen africano sea totalmente desconocido para la mayor parte de la población. La continuada presencia negra no es recordada ni por nombres de calles, ni por monumentos. En los libros de Historia argentina se le dedican pocos párrafos y en la mayoría de las veces sólo escuetas líneas. No obstante, la presencia negra está en la sangre de varios sectoes de la población argentina a pesar de la inmigración europea.
¿Acaso la inclusión de los afroargentinos sea una meta inalcanzabel? ¿Cómo ignorar que existió y sigue existiendo una comunidad de ascendencia negra en Argentina? Más que explicar las condiciones de descenso demográfico de la población de origen africano, este libro busca articular los motivos de la sistemática negación de la presencia de los negros con la contribución de éstos a la cultura y a la evolución de la sociedad argentina. Un libro que pone de relieve la existencia de los afroargentinos como una comunidad viva que defiende su identidad propia contradiciendo las afirmaciones de su "desaparición". Ensuma, un tema que, por su interés y complejidad, obliga a conocer las causas de la negación de la presencia africana en Argentina, cómo esta opinión se ha ido transmitiendo de generación en generación, y los métodos utilizados por los afroargentinos para reivindicar lo africano en la identidad argentina.
LIBRO: Los Afroargentinos
AUTOR: Jean-Arsène Yao.
EDITORIAL: Mundo Negro
ISBN: 978-84-7295-207-2